Cuento oriental
Para desear a Dios hay que desearlo ardientemente.
Un discípulo fue un día a encontrar a su maestro y le dijo: Maestro, yo quiero encontrar a Dios. El Maestro miró al joven sin decir nada y le sonrío.
El joven regresa cada día repitiendo que él quiere la religión. Pero el Maestro sabía mejor que el muchacho a que atenerse. Un día en el que hacía mucho calor, le pide al joven acompañarlo hasta el río para nadar.
El joven saltó al agua. El Maestro lo siguió y lo mantuvo bajo el agua a la fuerza. Cuando el joven se debatió un momento, el Maestro lo dejó y le preguntó, ¿de qué había tenido mayor deseo, cuando estaba dentro del agua?
- del aire, le respondió el discípulo.
- ¿Deseas a Dios de la misma manera? dijo el maestro. Si tú lo deseas así, tu lo encontrarás instantáneamente. Si tu no tienes ese deseo y esta sed, por más que luches con tu intelecto, tus labios, y tus fuerzas, no encontrarás la religión. Mientras esa sed no se haya despertado en ti, tú no eres mejor que un ateo.
Más aún, recuerda que el ateo es sincero y tú no lo eres.
Autor desconcido, citado en el libro "Devant Toi Seigneur", Cerft., 1983.
Citado en el libro "Itinerario espiritual para hoy con San Juan Eudes", Droguett and Ardant 1993.
Para desear a Dios hay que desearlo ardientemente.
Un discípulo fue un día a encontrar a su maestro y le dijo: Maestro, yo quiero encontrar a Dios. El Maestro miró al joven sin decir nada y le sonrío.
El joven regresa cada día repitiendo que él quiere la religión. Pero el Maestro sabía mejor que el muchacho a que atenerse. Un día en el que hacía mucho calor, le pide al joven acompañarlo hasta el río para nadar.
El joven saltó al agua. El Maestro lo siguió y lo mantuvo bajo el agua a la fuerza. Cuando el joven se debatió un momento, el Maestro lo dejó y le preguntó, ¿de qué había tenido mayor deseo, cuando estaba dentro del agua?
- del aire, le respondió el discípulo.
- ¿Deseas a Dios de la misma manera? dijo el maestro. Si tú lo deseas así, tu lo encontrarás instantáneamente. Si tu no tienes ese deseo y esta sed, por más que luches con tu intelecto, tus labios, y tus fuerzas, no encontrarás la religión. Mientras esa sed no se haya despertado en ti, tú no eres mejor que un ateo.
Más aún, recuerda que el ateo es sincero y tú no lo eres.
Autor desconcido, citado en el libro "Devant Toi Seigneur", Cerft., 1983.
Citado en el libro "Itinerario espiritual para hoy con San Juan Eudes", Droguett and Ardant 1993.
1 comentario:
podrías haber puesto de donde lo sacateeeeeeeeeee igual te amo maldita XD
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